Hospitaleros Voluntarios: Los grandes servidores del Camino. – RADIO CAMINO DE SANTIAGO <

Escúchanos en DIRECTO



¡ DALE AL PLAY !

Home / Grañón / Hospitaleros Voluntarios: Los grandes servidores del Camino.

Hospitaleros Voluntarios: Los grandes servidores del Camino.

En la antigüedad clásica, la concesión de hospitalidad al extranjero que pedía asilo era considerada como signo de civilización. Según aparece escrito en la Odisea, para Homero los dioses recorren las ciudades, en forma de mortales, observando quienes son los que tratan con violencia y quienes los que reciben con bondad a los forasteros.

También los romanos consideraron la acogida como una alta virtud. Para los estoicos, el hombre es ciudadano del mundo, por lo que nunca es extranjero; de ahí que sea inhumano no concederle hospitalidad.

El Nuevo Testamento aporta una profundización teológica del concepto de hospitalidad. La vida de Jesús fue una constante petición de alojamiento, desde horas antes de su nacimiento enBelén, pasando por otros muchos ejemplos en que le vemos solicitar acogida en casas como la de Zaqueo o la de Lázaro. Tambien su mensaje es un canto a la hospitalidad:

Quien a vosotros recibe, a mí me recibe, y quien me recibe a mí, recibe a Aquél que me ha enviado…

Respecto a la hospitalidad practicada en el Camino de Santiago, en un principio, cuando la devoción al apóstol tenía más bien un carácter selectivo -antes de la segunda mitad del siglo XI- el Camino atraía a gentes por lo común acaudaladas y cercanas al poder eclesiástico o civil. Obispos, y abades, condes y duques, príncipes o reyes acudían a Compostela desde lugares distantes. Eran peregrinos que viajaban con su séquito, en comitiva y a caballo, con recursos y protección propia. La existencia de sólo dos o tres hospitales en Villabascones, Carrión y Sahagún nos confirman la falta de una mínima política asistencial

A mediados del siglo XI comienza la gran corriente migratoria y se establece la ruta que, con ligeras variantes, se mantendrá hasta nuestros días. Desde el poder político se hizo una planificación general del espacio entre los Pirineos y Galicia en orden a fijar, proteger y desarrollar los movimientos de personas, bienes e ideas más allá de los estrechos marcos de la aldea o del señorío. De acuerdo a esto, no ha de extrañar que fueran los sectores con más responsabilidad e interés en el éxito de las reformas, los primeros en atender el Camino: la monarquía, la nábleza, los obispos y los monjes, sobre todo los cluniacenses.

HospitaleroAsí, los reyes promovieron la fundación y dotación de hospitales, bien directamente, haciendo uso del patrimonio regio, bien asumiendo iniciativas particulares como las del ermitaño Gaucelmo que levantó el hospital de Foncebadón, lacondesa Teresaque dotó unhospital en Carrióno los obispos Pedro y Pelayo que lo hicieron en la ciudad de León.

Pero serán los monjes, especialmente los benedictinos, quienes marquen un antes y un después en el desarrollo hospitalero del Camino. San Benito, la gran figura monástica de la Edad Media, había dicho una y otra vez que la hospitalidad tenía que ser la primera virtud de los monjes. La tipología de la acogida benedictina queda suficientemente definida en su regla y en los primeros comentarios de la misma:

A todos los huéspedes que se presenten en el monasterio ha de acogérseles como al mismo Cristo en persona, porque éllo dirá un día: era peregrino y me hospedasteís“.

El comentario de la Regla especificaba:

Que a los peregrinos se les saldrá a recibir con muestra de sincera caridad, saludándoles con una humildad profunda. Una vez acogidos, se leerá ante ellos la ley divina y luego se les obsequiará con todos los signos de la más humana hospitalidad“.

A finales del siglo XI podía darse por establecida una primera red asistencial en todas las etapas desde Jaca a Compostela, ya que había hospederías monacales y hospitales que servían de cobijo a los caminantes especialmente en aquellos parajes más extraños y difíciles. Hospitales que aún siendo muchos de fundación particular estaban, en su mayoría, bajo el control de monasterios benedictinos vinculados más o menos directamente a Cluny.

El siglo XII y parte del XIII significaron el apogeo de las peregrinaciones. A ello contribuyeron los valores religiosos, el apoyo de los poderosos que invierten en su promoción y seguridad con nuevas fundaciones de hospitales, ayudando a personajes como San Juan de Ortega o concediendo fueros y privilegios; y también, una época de prosperidad económica tanto en lo que afectaba a los propios peregrinos como a las posibilidades del mercado.

A partir del último tercio del XIII comienza una tendencia de cambio en la que parroquias y cofradías se convierten en protagonistas de las labores asistenciales. Los laicos, sobre todo los laicos acaudalados de las ciudades, con sus donaciones lograron mantener el espíritu hospitalarioen los años finales de la Edad Media.

Durante los siglos posteriores, aunque decayó el espíritu jacobeo y el número de peregrinos disminuyó considerablemente, tenemos abundantes testimonios de hospitalidad tanto en loshospitales rurales como en los de las villas mayores que tenían edificios de mayor capacidad. En unos, la atención a los peregrinos recaía en el hospitalero y la hospitalera que generalmente estaban bajo la administración de un mayordomo y el cura; en algunas ocasiones, éstos dedicaban al servicio de los necesitados sus personas y sus bienes recibiendo por ello, y de por vida, el comer, el vestir y la potestad de ser enterrados dentro de los muros donde habían servido. Por último, había un tercer grupo que estaba al servicio de los hospitales a cambio de un sueldo.

De puertas adentro, la calidad de la asistencia variaba mucho de unos centros a otros, en función sobre todo del valor del patrimonio y del uso que de él hicieran los administradores. En lo referente a la economía todos se sostenían regularmente merced a las rentas del patrimonio con el que habían sido dotados por sus fundadores y bienhechores, completadas ocasionalmente con limosnas de los fieles dispuestas casi siempre en los testamentos.

En cuanto a la administración, estuvieron todos en manos de instituciones religiosas. Como hemos visto, primero fueron los monasterios y las sedes episcopales, después las órdenes militares, más tarde las parroquias y las cofradías que ponían al frente a alguno de sus miembros ayudados de personal de servicio.

Como centros a los que se acudía en estado de gran necesidad la asistencia se concretó en dos ofertas básicas: un lugar a cubierto donde dormir y un fogón donde calentarse y cocinar. Techo y fuego ofrecieron siempre todos los centros hospitalarios, pero la categoría de los hospitales estaba en la cantidad y calidad de las raciones alimentarias que se daban, especialmente a partir del siglo XIII cuando creció el número de los peregrinos pobres y de los pobres enfermos.

Otro tipo de asistencia que se practicaba desde los hospitales era la sanitaria (en el idioma castellano, hospital es sinónimo de centro de atención sanitaria). Al Apóstol se le reconocían poderes curativos extraordinarios, de ahí que fueran muchos los peregrinos que iniciaban elCamino enfermos; otros perderían la salud en el trayecto. Es por ello que se habilitaron salas especiales para los enfermos, se contrataron los servicios de médicos y boticarios o, incluso se crearon centros especiales para ellos, hospitales que solían quedar bajo la advocación de San Lázaro, San Antón o la Magdalena.

Por último hemos de hacer notar la asistencia espiritual ofrecida a los peregrinos a lo largo de laRuta Jacobea. Con el paso del tiempo el Camino de Santiago se transformó en un espacio sagrado, jalonado de monasterios e iglesias, capillas, hospitales y cofradías, con sus reliquias de santos e imágenes milagrosas de visita obligada. La beneficencia estaba profundamente sacralizada. De hecho, desde el momento en que un peregrino atravesaba la puerta de un hospital se le hacía participar, según las horas, en los oficios religiosos. Antes y después de comer debía rezar un sufragio por el alma del fundador y bienhechores, y, tras pasar la noche, reanudaba la marcha sólo después de haber oído misa.

Los hospitaleros pretenden continuar hoy latradición hospitalaria del Camino de Santiago. Pero para entender su aportación hay que partir de la base de que los peregrinos de hoy no son como los de antes. Para un peregrino de hoy la peregrinación a pie no es el único modo de ir a Santiago, en realidad es un modo anacrónico y muy costoso en la mentalidad moderna. Pero el peregrino actual elige esa forma de recorrer el Camino como un intento, más o menos explícito, de rememorar el paso de los peregrinos antiguos.

De otra parte el peregrino de hoy, en su inmensa mayoría, no necesita propiamente una acogida caritativa, cualquier peregrino puede pagar cada día por comer o dormir en cualquier restaurante u hotel de la Ruta y no tienen necesidad de dormir en albergues que, en su mayor parte, son mucho más incómodos y austeros. Finalmente, la mayoría de los peregrinos de hoy no tienen, al menos en el momento de su partida, una motivación religiosa o penitencial, sino que para muchos sus motivaciones pasan por el deporte, la cultura, o un modo de pasar unas vacaciones distintas.

“Ser hospitalero es intentar amar a los demás sin esperar que te quieran, a personas que quizás no veas nunca más”. (Carmen)

Todas estas circunstancias del peregrino están presentes en la hospitalidad moderna e influyen en la acogida. Hacen que recorrer el Camino a pie se convierta en toda una experiencia, que ya no es sólo un camino para llegar a una meta, sino que el Camino mismo ya es una meta, ya es un objetivo en el que el peregrino conecta con una realidad que le es desconocida en su vida habitual. Un peregrino de hoy no tiene ninguna necesidad de estar caminando todo el día para hacer una etapa de 25 kilómetros que en “su” coche apenas tardaría 20 minutos en recorrer. No tiene ninguna necesidad de aguantar toda una serie de ampollas, dolores musculares, peso desmesurado de su mochila…, todo esto podría evitarlo cogiendo por muy poco dinero cualquier transporte público. No le hace falta dormir en habitaciones atestadas de gente, o en el suelo, ni aguardar horas para ducharse con agua fría o para lavar su ropa en pilas al aire libre. Sin embargo acoge y recibe todas estas dificultades y además encuentra en ellas un placer y una experiencia muy enriquecedora.

Y esta experiencia se realiza, fortalece y encuentra sentido en muchos casos a través de lahospitalidad. De esa acogida fraterna, abierta, gratuita que es como un símbolo resumen de todo lo que el peregrino encuentra a su paso y que ayuda al peregrino a entender el significado de la experiencia interior que de un modo u otro, va acumulando al tiempo que, recorre el camino físico.

Todas estas perspectivas dan a la hospitalidad moderna unas características completamente singulares. La hospitalidad ya no es simplemente ofrecer al peregrino un lugar donde dormir, comer o lavarse para seguir su camino, sino que es un servicio con un significado mucho más trascendente y profundo porque le aporta las claves para entender lo que está experimentando en el Camino. En este aspecto es donde la tarea de los hospitaleros voluntarios se hace más importante y trascendente para los peregrinos.

Creo que la tarea y la presencia de los hospitaleros voluntarios ha sido muy importante para el desarrollo de la hospitalidad jacobea en los últimos años. Su presencia ha permitido que pueda seguir habiendo albergues que no sean de iniciativa pública, ayuntamientos o gobiernos regionales, o que tengan una mentalidad comercial. Dada la afluencia de peregrinos, sobre todo en el tiempo de verano, en las parroquias, monasterios o albergues gestionados por Asociaciones Jacobeas no podrían dar acogida si no fuera por la ayuda de estos voluntarios. De manera que podríamos pensar que sin los hospitaleros casi habrían desaparecido los albergues que no sean de titularidad pública o no comercial.

“La vivencia de ser hospitalero es una etapa a más en tu vida donde despiertas para el grande y el maravilloso mundo espiritual y personal que cada uno tiene”. (André)

También contribuyen a que la experiencia de los peregrinos sea más positiva al poder encontrar a personas que tienen como único objetivo la acogida sin otras tareas más urgentes. El nivel de acogida y disponibilidad que los hospitaleros aportan a los peregrinos no se puede igualar desde otras instituciones. Hay que tener un gran respeto por los sacerdotes, miembros de Asociaciones, particulares o empleados que durante todo el año mantienen viva, con gran esfuerzo personal, la llama de la hospitalidad jacobea durante todo el año. Pero su dedicación no puede ser tan intensa en tiempo y esfuerzo como la que dedican los voluntarios que están unos pocos días y pueden ofrecer a los peregrinos una atención más cercana y continuada.

Otro aspecto destacado que aportan los hospitaleros es la posibilidad de que en el Camino siga habiendo acogida gratuita en la que no se pide a los peregrinos que paguen una cantidad sino que se les invita a que aporten su donativo de forma voluntaria. En un mundo como el nuestro tan mercantilizado el hecho de que los peregrinos encuentren lugares donde se les ofrece todo lo que necesitan sin cobrarles nada a cambio, es todo un símbolo de que el Camino de Santiago no es un itinerario más de tipo cultural o deportivo, sino que es otra cosa. La tendencia a cobrar en los albergues (siempre una cantidad pequeña y casi siempre recibiendo sin trabas a los que no tienen dinero) es legítima y lógica, sobre todo en albergues que tienen unos gastos de mantenimiento muy altos y necesitan tener siempre a una persona en la puerta. Pero inevitablemente provoca un ambiente en los albergues más turístico. La gratuidad es más difícil, más arriesgada, pero es más acorde con la historia de la hospitalidad jacobea y con el sentido espiritual que le caracteriza. Esto sigue siendo posible en muchos albergues gracias al trabajo altruista de los hospitaleros.

Finalmente hay que señalar que la tarea de acogida aporta a los hospitaleros una experiencia personal muy importante. Si para los peregrinos la peregrinación a Santiago es, habitualmente, una experiencia enriquecedora y con repercusión en su vida, para los hospitaleros el contacto con ese otro lado oculto de la peregrinación que es la acogida representa también una experiencia de amplias repercusiones en su vida. La entrega generosa a los demás se convierte en una experiencia enriquecedora y gozosa que llena de satisfacción al que la realiza.

Primeros AuxiliosEstamos al comienzo del tercer milenio, estamos iniciando una nueva etapa delCamino de Santiago que no sabemos qué derroteros tomará en los próximos años. La clave estará en los peregrinos que es difícil saber si seguirán acudiendo al Camino en mayor proporción que en años anteriores. Desde mi experiencia me atrevo a decir que seguirá todavía muchos años con un flujo de peregrinos similar a los dos últimos años e incluso superior. Y no sólo por la publicidad que del Camino se sigue haciendo, sino porque muchos peregrinos encuentran en el Camino una experiencia importante y lo difunden en su entorno. En una sociedad como la nuestra la experiencia de la peregrinación es una oportunidad de conectar con la historia, la naturaleza y la espiritualidad que estimo seguirá siendo muy atractiva para muchas personas que en el Camino experimentarán la hospitalidad jacobea que despertará en ellos el afán de trabajar en la acogida para devolver lo que ellos han recibido.

Respecto a la hospitalidad pienso que seguirá desarrollándose la acogida más cercana y espiritual en la que tendrán un papel cada vez más relevante los albergues promovidos por las Asociaciones Jacobeas y aumentarán también en gran medida los albergues de titularidad privada promovidos por antiguos peregrinos. Junto a ello habrá una presencia cada vez mayor de los intereses comerciales y turísticos que han encontrado un filón de oro en los peregrinos jacobeos. Estos intereses comerciales seguirán estando en pugna con la acogida gratuita tradicional del Caminocomo viene ocurriendo en los últimos años.

Y seguirá siendo necesaria la presencia de los hospitaleros voluntarios que, como fruto de su experiencia de peregrinación, seguirán aportando al Camino su entrega generosa y altruista. En resumen, el Camino seguirá vivo como testimonio de la historia común europea y de la vitalidad renovada de una búsqueda de espiritualidad que acompañará al hombre a lo largo de toda su historia y que en el Camino de Santiago ha encontrado y encontrará un medio privilegiado de manifestarse.

Sobre Radio Camino de Santiago

x

Check Also

Jon Karla Bilbao, enorme ejercicio de superación por una buena causa

Jon Karla Bilbao, enorme ejercicio de superación por una buena causa

El alavés Jon Karla Bilbao tiene previsto llegar ...

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información.plugin cookies

ACEPTAR
Aviso de cookies