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Los albergues de peregrinos del futuro: Una reflexión necesaria

Los albergues de peregrinos del futuro: Una reflexión necesaria

Los albergues de peregrinos del futuro: Una reflexión necesaria

En función de las muy diversas normativas turísticas de cada una de las comunidades autónomas, en ocasiones dispares, cuando alguien pretende poner en marcha un albergue de peregrinos debe adaptarse a una legislación más o menos clara. A veces la única salida es la del formato de un albergue turístico, en el que suele estar bastante reglado el aprovechamiento del espacio en relación a los m2 o m3.

La administración suele ser generosa de más, pensando que los peregrinos somos algo así como un rebaño, entienden también que de borregos mayormente, y que se nos puede hacinar sin problema por aquello del low cost, algo así como en los aviones de Ryanair, y a mayor gloria de las estadísticas anuales.

Más de una vez he escuchado, al llegar a un albergue o cuando lo visito para incluirlo en la guía, la siguiente cantinela: – Podíamos haber metido más literas –indican con cara de generosidad suma–, pero no hemos llegado al tope para que estéis más cómodos. Y sin embargo uno piensa: – Pues si esto es la holgura, la normativa al uso debía permitir algo así como el metro de Tokio en hora punta del lunes, o un trasunto de las conservas de sardinas de la Ría de Arousa.

Pues no, señores, esto ya no vale para el Xacobeo 21… En el Camino valoramos mucho el tiempo, pero también el espacio, y los albergues cutres, densos, modelo campo de refugiados temporal u hospital de campaña en tiempos del cólera morbo, acabarán extinguiéndose por puro sentido de la higiene, el decoro y hasta de la estética.

Otro cuento, que en España aún es anatema entre la mayoría, es el de desterrar las literas, que acabarán siendo un objeto de estudio del pasado, no tengo la menor duda, y pasarse a las camas bajas. –Ya lo sé, hay mucha gente con vértigo y problemas para subir, pero ganaré la mitad, así no puedo mantener el negocio. Pero amigo, en otros lugares se está haciendo, cobrando más, por supuesto, y poniendo sábanas, edredones y toallas. Muchos lo agradecen, porque no todos los albergues son para todo el mundo, para el turigrino de los funestos 100 últimos km.

En la misma línea es otra certidumbre el hecho de que las habitaciones privadas dentro de los albergues, sean con baño propio o compartido, ya se están vendiendo mejor en muchos lugares que las literas. Es un tema para otro artículo.

En este capítulo también habría que hacer alusión a la oferta, generalizada por ejemplo en Francia, de proponer como paquete preferente diario el de media pensión, por supuesto con una calidad contrastada en el menú de la cena (prefiero no hablar de tantos menús bazofia del peregrino que pululan por nuestro territorio) y del desayuno, siempre con opciones para vegetarianos y veganos, y por supuesto para hambrientos desfallecidos y comilones, pues entre los peregrinos repetir no es una ofensa.

Así pues, empresarios del sumo aprovechamiento que convertís naves agrarias, galpones y bajos comerciales de toda clase en ratoneras, tenéis los días contados si no os recicláis como ya están haciendo muchos por ahí. Tic, tac, tic, tac, que decía el Pablito Iglesias pre-chalé, el tiempo corre.

Vete al Camino, pedazo de vago

Ahí está esa flora y fauna de los dueños y hospitaleros del Camino que son grandes teóricos, que tocan de oídas, que saben de la ruta lo que les han contado en la Agencia de Turismo, los del gremio o algunos de los que pasan. Pero todo esto nada tiene que ver con haberlo disfrutado y sufrido en propias carnes.

¿Cómo puede ser que alguien monte un albergue en el Camino sin haberlo hecho con vocación de aprender? No valen disculpas, la temporada baja es larga y al menos en el primer descanso, tras la apertura, aunque tan sólo sea por curiosidad bien valdría realizar una escapadita, no tiene por qué ser desde Cracovia, incluso sería provechosa comenzando mucho más cerca.

Se aprende más paso a paso que en cualquier biblioteca jacobea, incluida la de San Zoilo de Carrión.

La falta de empatía suele ser el reflejo del desinterés, y cuanto más se aleja uno de la realidad a la que pretende prestar servicio, más fácil será que acabe cosechando deserciones.

Habitación privada de un nuevo albergue inaugurado en Estella
Habitación privada de un nuevo albergue inaugurado en Estella

Ambiente peregrino, por favor

Hay quien ha pretendido hacer del diseño el centro de su albergue, o del enoturismo, o de la gastronomía de vanguardia, o de la tecnología y la robotización…, pero, ¿es esto lo que buscan la mayoría de los peregrinos?

Pues me temo que los que van desencaminados, aunque algunos con tozudez inaudita, no darán fácilmente su brazo a torcer, sobre todo entre aquellos procedentes de otros sectores de la hostelería, convencidos en que se pueden aplicar recetas de un campo por ellos trillado a este nuevo objetivo.

En el Camino se busca, primordialmente, calor humano, acogida sincera, comprensión, ayuda específica para unas necesidades muy concretas, cobertura digna de unos servicios básicos, posibilidad de relacionarse con los demás a través de unos espacios bien concebidos, de una cena comunitaria, por ejemplo, o de otras actividades como una tertulia, una explicación del lugar en cuestión, una corta visita, la posibilidad de participar en algo todos juntos, etc, etc.

Puede uno tener el albergue más moderno, lujoso, con los colchones más caros, aire acondicionado, hidromasaje, sauna, piscina, jardín oriental o de broderie, y hasta esclavos nubios moviendo palmas en el estío, que si falta el amor, como decía San Pablo, no queda nada. Cambiemos amor por proximidad al peregrino y ahí está todo entendido.

Organización, limpieza

Podríamos prolongar sine die la letanía, pero vamos a concluir con un asunto tan obvio que huelga incluso tratarlo. No obstante, y visto el caótico comportamiento de ciertos hospitaleros, que en vez de albergue parecen haber montado un almacén de trastos viejos, y a un tiempo la escasa limpieza de algunos albergues, no está de más recordar que un lugar destinado a alojar peregrinos tiene que presentar las mismas condiciones de higiene y limpieza que una pensión, casa rural u hotel, porque esta circunstancia nada tiene que ver con la categoría.

Muy equivocados están aquellos que consideran a los peregrinos una especie de individuos permanentemente sudados que no precisan de grandes baños turcos, pues total al día siguiente van a ponerse otra vez como la piara. Y claro, esta concepción tiene su réplica en la dejadez de los sanitarios y de las duchas, en muchos casos con más hongos y mal olor que las cloacas de París.

Otrosí son las limpiezas al ritmo de las oberturas de Rossini, que en algunos lugares, por fortuna cada día más escasos, practican sacudiendo los pelos de las sábanas del día anterior por la ventana, y volviéndolas a poner alisándolas con las manos (en los foros no falta documentación). O esas carreras de aspiradora, contra-reloj individual con salida de la habitación a los dos minutos, pues es bien sabido que lo que está bajo literas y alfombras no existe.

En fin, queda mucho por avanzar aún, ciertos itinerarios ya están en pleno proceso de reconversión, y en el pelotón de los torpes serán bastantes los que se quedarán por el camino, en este caso con minúsculas.

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